“Mi hijo/a tiene discapacidad intelectual”: ¿Cómo cuidar mi salud para ayudarlo/a mejor?

Cuando estamos a cargo del cuidado de una persona con discapacidad intelectual, muchas veces tendemos a descuidar nuestra salud en pos del bienestar de nuestro familiar. Sigue leyendo para saber cómo equilibrar el cuidado de los demás con el propio.
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Escrito por Ivanna Sáez
Coordinadora Ejecutiva
Publicado el 30 de Agosto, 2021.
Tiempo de lectura: 9 min.

I. ¿Por qué es importante atender la propia salud física y emocional?

Sabemos que el apoyo brindado a un familiar con discapacidad intelectual es importante para su desarrollo y participación en la comunidad. Pero dicho apoyo no puede entregarse si primero no nos preocupamos de nuestra salud física y emocional.

Un consejo esencial para prestar ayuda a nuestro familiar con discapacidad intelectual y, al mismo tiempo, atender nuestro propio bienestar, es repartir el cuidado

Asegúrate de que no sea solo un miembro de la familia el que asuma todas las labores de asistencia y que todos cuenten con su propio tiempo de descanso

Si no te cuidas y te sobrecargas de tareas de cuidado puedes estresarte más de la cuenta, lo que podría afectar tu salud emocional y física. 

¿QUÉ ES EL ESTRÉS?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés como “el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción”. Es decir, es una respuesta de nuestro cuerpo que nos permite adaptarnos y actuar frente a una situación complicada

En palabras más simples: si algo inesperado ocurre, nuestro organismo reacciona de la mejor forma que puede y conoce para seguir funcionando. 

¿Cuáles son las fases del estrés?

Usualmente se identifican tres fases frente a un evento externo:

  1. Fase de alarma: Es la respuesta inmediata del cuerpo y la mente para enfrentar la situación.
  2. Fase de resistencia: Es el desarrollo de una estrategia de supervivencia que nos va a ayudar a enfrentar la situación a largo plazo. En esta fase podemos funcionar mejor, tener nuestras ideas claras, mayor concentración, etc.

El estado de estrés es positivo, ya que nos permite estar en alerta y resolver efectivamente diversas situaciones de la vida.

¿Qué ocurre cuando el estrés ya no es positivo?

Cuando existe una sobrecarga de situaciones que nos exigen estar alerta, se da inicio a la tercera fase de agotamiento.

3. Fase de agotamiento: Sucede cuando le exigimos demasiado a nuestro cuerpo y nuestra mente durante la situación de estrés, experimentamos agotamiento y se desencadenan desórdenes mayores a nivel físico, emocional y mental.

¿Cómo se manifiesta el estrés en nuestro cuerpo?

Algunos de los síntomas físicos que podemos presentar cuando estamos estresados son: 

  • Crisis de pánico.
  • Dolor de cabeza.
  • Problemas estomacales.
  • Problemas de concentración.
  • Tensión y dolor muscular.
  • Variaciones en las ganas de comer.
  • Cansancio. 
  • Problemas de sueño.
  • Irritabilidad.
  • Baja en las defensas.

Entonces, ¿qué pasa si no te cuidas?

La falta de cuidado propio podría llevarte a experimentar los siguientes problemas:

  • Cansancio o agotamiento general. 

  • Mayor probabilidad de contraer enfermedades físicas. 

  • Mayor posibilidad de andar inestable emocionalmente o desarrollar problemas psicológicos como ansiedad, depresión, entre otras. 

  • Deterioro de tus relaciones familiares o de tu vínculo con tu familiar con discapacidad intelectual. 

  • Disminución de la calidad del apoyo que puedas prestarle a tu familiar. 


II. Ventajas del autocuidado

Según la OMS, el autocuidado es la “capacidad de las personas, las familias y las comunidades para promover y mantener la salud, prevenir enfermedades y hacer frente a las discapacidades con o sin el apoyo de un proveedor de atención médica”.

 

Si tomamos medidas de autocuidado:

  • Estaremos mejor preparados/as para responder al estrés y a la presión.
  • Tomaremos mejores decisiones. 
  • Tendremos una mejor relación con nuestros seres queridos y más ganas de realizar actividades en conjunto.
  • Nos sentiremos mejor con nosotros/as mismos/as y valoraremos más 
las cosas que hacemos.
  • Gozaremos de una mejor salud y tendremos energía renovada cada día.
  • Aceptaremos mejor los errores o las situaciones difíciles.
  • Seremos capaces de buscar 
estrategias eficaces con mayor efectividad. 


III. Guía para practicar el autocuidado

1. Identifica tus emociones y sé amable contigo/a mismo/a

Es importante entender que las emociones que vas sintiendo son parte de ti. Ellas surgen en momentos determinados y nos permiten identificar lo que nos hace bien y lo que no. 

Observa tus emociones con cariño y sin juzgarlas. Recibe la rabia, el agobio, la tristeza, la culpa, el temor, no las reprimas. 

Reconocer y acoger esas emociones te permitirá vivir el momento y reconocer de dónde viene el malestar. Solo de esta forma podrás evaluar una solución.

2. Cuida tu autoexigencia

El cuidado de otra persona, aun cuando es brindado con amor, implica una entrega de tiempo y energía personal. No te sobrecargues. Todos necesitamos apoyo.

3. Piensa en la organización familiar como una distribución de responsabilidades

La familia es un sistema de apoyo mutuo. Cada miembro de la familia puede dar y recibir, dependiendo de la edad y de las habilidades desarrolladas. 

Según indica Alejandra Camelio, psicóloga del área de familia de Fundación ConTrabajo, una manera práctica de abordar la organización familiar es a través de la creación de una lista de tareas familiar: hagan una lista con todas las tareas que cada miembro de la familia realiza (por ejemplo, las labores del hogar, comprar mercadería, ocuparse de la vestimenta, el aseo, la alimentación de los otros, etc). Eso evidenciará el desequilibrio que pudiera haber dentro de los quehaceres que cada uno asume. 

Intenta plantear la idea de confeccionar una lista como una sugerencia y no como una queja, ya que así habrá menos resistencia a realizar la actividad. Y no olvides asegurarte de encontrar un espacio adecuado y seguro para llevarla a cabo.

Al mismo tiempo, pregúntale a tu familiar con discapacidad intelectual qué responsabilidades tiene. Vean juntos qué cosas él o ella puede realizar que no se han discutido, y en qué cosas otros miembros de la familia pueden ceder para darle espacio al desarrollo de su autonomía. ¡Con esto potencias el crecimiento de tu familiar y le permites adquirir herramientas para la vida!

La distribución de responsabilidades no es fácil, ya que requiere de mucha voluntad y dedicación. Hagan un acuerdo familiar para reorganizar las tareas y establezcan períodos de evaluación. 

Por ejemplo: quienes tienen la mayor carga de tareas, comprométanse a ceder en algunas para entregarlas a otro miembro de la familia, mientras que aquellos miembros que tienen menos tareas, asuman la responsabilidad de llevar a cabo las tareas extras que se les asignen. 

Establezcan tiempos para ver la efectividad de la nueva organización: evalúen cómo ha resultado en una semana, un mes más, para ir ajustando progresivamente el nuevo orden.

¡Persevera! “Todo esto implica trabajo y el compromiso de cada uno,” nos enseña la psicóloga de FCT, Alejandra Camelio.

4. Que el cuidado sea colectivo

Intenta crear o recurrir a redes de apoyo en tu familia o con instituciones, fundaciones y otros organismos

Aprende a poner límites a las demandas excesivas de tu familiar con discapacidad u otro miembro de la familia. Recuerda que no se trata solo de dar, sino también de recibir. 

Es fácil que nuestro familiar con discapacidad intelectual se acostumbre solo a exigir sin dar nada a cambio si no le damos la oportunidad de que asuma responsabilidades. Aprende a soltar el control de todo lo que concierne a tu familiar, dale espacio para que aprenda a través de sus experiencias dándole pequeñas tareas cotidianas.

5. Pon tu propio cuidado como una prioridad

“Los cuidadores tienen, en general, un nivel de sobrecarga altísimo”, comenta Alejandra Camelio, psicóloga de FCT.  

Por eso, planifica actividades que te ayuden a estar bien, que te hagan disfrutar, descansar o sentirte bien contigo mismo/a. Toma conciencia de cómo influyen en tu estado de ánimo. 

Por más difícil que parezca, está bien tomarse un descanso. Intenta establecer un momento de relajación de una vez a la semana, una vez cada 15 días, o incluso, 1 vez al mes. El descanso es fundamental para recargar energías y enfrentar las tareas del día a día.

Hablar también es una parte fundamental de tu cuidado propio: planifica juntas con tus amigos/as para conversar, busca apoyo en ellos/as. Siempre viene bien desahogarse.

6. Cuida tu alimentación para que puedas obtener la energía que necesitas

Un consejo útil: no abuses de la comida ni te prives de ella. Trata de respetar las horas de las comidas. Intenta comer sano, reduce al máximo el consumo de comida chatarra y no abuses de los chocolates o del azúcar. ¡Y no olvides mantenerte hidratado/a!

7. Realiza actividad física con frecuencia

Ir a un gimnasio, realizar rutinas de ejercicio siguiendo videos de internet o simplemente salir a caminar pueden ser una buena opción. Lo ideal es que establezcas días y horas fijas para hacerlo.

8. Cuida tus horas de sueño 

9. Evita la automedicación y el aislamiento

El tiempo de autocuidado te permitirá recargar energías para continuar con el día a día. Mereces estar saludable.

¡Recomienda a tu familia entera consultar esta guía! Problematicen y reflexionen juntos/as sobre estos puntos.

Desde Fundación ConTrabajo los invitamos a generar un espacio de conversación seguro donde puedan escucharse mutuamente y encontrar soluciones que mejoren el cuidado y la salud de todos los miembros del núcleo familiar.

Guía para promover el propio bienestar físico y emocional.

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