La evolución del símbolo de accesibilidad: mucho más que un cambio de diseño
Durante más de cinco décadas, el símbolo de accesibilidad ha acompañado la construcción de espacios más inclusivos. Sin embargo, su evolución demuestra que la accesibilidad no solo cambia en la infraestructura: también cambia en la manera en que entendemos a las personas y sus derechos.
Hace más de cincuenta años nació uno de los símbolos más reconocidos del mundo. Lo vemos a diario en estacionamientos, baños, ascensores, entradas accesibles o asientos preferenciales. Basta mirarlo solo una vez para entender que ese espacio fue pensado para facilitar el acceso de las personas.
Pero detrás de ese ícono existe una historia que refleja la evolución de nuestra forma de comprender la discapacidad.
El primer Símbolo Internacional de Accesibilidad fue creado en 1968 por la diseñadora danesa Susanne Koefoed, en el marco de un concurso organizado por Rehabilitation International. Poco tiempo después, el diseño fue ajustado incorporando una cabeza a la figura, dando origen al símbolo que hoy conocemos y que posteriormente fue adoptado por la Organización Internacional de Normalización (ISO) y las Naciones Unidas como la señal internacional para identificar espacios accesibles.
Durante décadas, este símbolo cumplió un rol fundamental: visibilizar la necesidad de eliminar barreras físicas y promover entornos accesibles. Sin embargo, con el paso del tiempo también surgió una conversación importante. Muchas personas comenzaron a preguntarse si una figura completamente estática seguía representando adecuadamente la vida activa, autónoma y participativa de millones de personas con discapacidad.
Fue así como, en 2010, nació The Accessible Icon Project, una iniciativa que propuso una versión más dinámica del tradicional símbolo. La figura se inclinó hacia adelante, el brazo cambió de posición y la rueda comenzó a transmitir movimiento. No era solo una modificación gráfica, sino que también buscaba poner el foco en la persona, y no únicamente en la silla de ruedas.
Cinco años más tarde, las Naciones Unidas presentaron un nuevo símbolo de accesibilidad. En lugar de representar una condición específica, el diseño muestra una figura humana con los brazos abiertos dentro de un círculo, reforzando la idea de que la accesibilidad no beneficia únicamente a quienes utilizan una silla de ruedas, sino que también considera a personas con discapacidades sensoriales, intelectuales, temporales e incluso a cualquier persona que, en algún momento de su vida, pueda enfrentar una barrera para participar plenamente.
Entonces, ¿cuál es el símbolo correcto?
La respuesta probablemente no está en reemplazar uno por otro. El ícono tradicional sigue siendo uno de los cinco símbolos más reconocidos del planeta y continúa siendo una referencia universal para identificar espacios accesibles. Al mismo tiempo, las nuevas propuestas nos invitan a ampliar la conversación y recordar que la accesibilidad no se trata únicamente de infraestructura, sino también de autonomía, participación y derechos.
Esta evolución nos deja una enseñanza, y es que la inclusión también se construye desde el lenguaje, los símbolos y la forma en que representamos a las personas. Cuando cambia nuestra mirada sobre la discapacidad, también cambian las oportunidades de construir entornos donde todas las personas puedan participar en igualdad de condiciones.
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